viernes, 28 de mayo de 2010

nothing seems to satisfy...



Cada vez te gusta más la noche.

Pero no la que ofrece bares abiertos y repletos de ovejas hambrientas, seguro que ya empachadas, de la hierba nueva: esa que nace cada verano y de la que al siguiente no se recuerda ni siquiera su aroma… A ti te va más el helecho que siempre está junto a la misma roca, en el que la oveja intenta hacer sus necesidades, sin darse cuenta de que es el único que la acompañará en las siguientes temporadas.

Dejando de lado las incoherencias producidas por las propias raíces, esas que tanto tiran, ¡te das cuenta de que las “lunas que más te llenan” son las que consiguen que sientas! aunque muchas veces sea tristeza. Otras no lo defines así, y las restantes ni sabes como hacerlo… Por eso apenas intentas buscar la palabra adecuada para la frase, sino adecuar la canción a un momento al que cuando llegas el disco no deja de girar por más que pulses el “STOP”.

Entonces te preguntas como teniendo todo lo que tienes no sabes decir si eres feliz o no. A mucha gente eso de “tener una familia que lo da todo por ti, comer y beber todos los días, estudiar en la universidad, tener buenos amigos, fallarlos a veces, trabajar en verano para poder comprarte una guitarra, tocar con esa guitarra en un grupo de rock, no romper cuerdas en un directo… Incluso a veces cosas de más como no tener frío en invierno, calzarte otras playeras cuando las suelas de esas viejas que tanto te gustan y que crees que ningunas otras van a igualar se han despegado y te mojas los pies, aprobar dos exámenes en septiembre, descubrir que para jugar a ese juego sólo tenías que ponerle un crack…” Y en definitiva: tener una vida fácil, no se le ha incluido en su vida, porque la suerte ha querido que el número elegido en el sorteo no sea el suyo. Todo es cuesta arriba.

Para cuando te das cuenta de todo esto el sol asoma empujando a la de blanco hacia la oscuridad, y entonces te espera un día de aprobar un examen (o no…), comer con tu familia, ensayar con la banda y volver a casa, precisamente en el momento en que la luna vuelve a salir para acompañarte en otra noche de incertidumbre; pero hoy apagas pronto la lámpara y puede que duermas sin pensar en exceso.

Quizás deberías volver a injertarte en aquellas raíces del monte, las que te vieron nacer… o puede que la solución sea ir donde van las ovejas, y si me apuras, ser una más.