miércoles, 27 de abril de 2011

hay días que estoy realmente mal, hay días que estoy misteriosamente bien...


No hay hueco para el azar entre estas cuatro paredes; por desgracia todo está estudiado.

Anoche intenté pensar en nada, pero no lo conseguí...

Cada calada estaba perfectamente medida, cada respiración y casi hasta cada batida del corazón.

Incluso al lograr engañar a la mente y al fin conseguir dormir, aquel sueño parecía haber sido programado para ser el culpable de “otro desvelo más”. ¡Qué digo! Ojala hubiera sido uno de esos; pero lejos de tal cosa viví un sueño en el que sus –como siempre lo son- imaginarios escenarios no tuvieron ninguna trascendencia. Ni por supuesto la cobran hoy mientras los recuerdo… Tampoco importa que el susodicho cigarrillo no fuera el de ayer, sino que realmente estén siendo los de esta noche.

Los que de verdad me invitaron a tocar fondo fueron los hechos, los mismos que se aparecen hoy al intentar pensar en nada.

Así que sólo queda creer que “los sueños, sueños sean” y que “nada sea suficiente”.

La sabiduría popular me avala.




Hay cosas que prefiero no mirar
hay otras que al mirar no pude ver
los sueños que no puedo recordar
son como las canciones que no puedo componer