
Ojalá el tiempo diese media vuelta y llegara al punto en que todo sea de todos. Yo cultivo, vivo en el campo y tengo un huerto que me agradece los cuidados con sus frutos: verduras, legumbres, frutas... Fulano es un gran amigo mio, pero le veo poco porque vive en la costa. Nos vemos un par de veces al mes, quizás tres, y siempre que esto ocurre es un placer, porque puedo volver a probar el bocado del mar que él me trae pescado con sus propias manos. Otras veces incluso la alegría es mayor, porque nuestro gran amigo Mengano se suma a las reuniones aportando los quesos, carnes y las leches de sus ganados. Todo ello combinado con mis verduras y zumos forma un gran banquete en el que varias familias pasamos jornadas de disfrute, días de reunión entre personas queridas, historias sin final y finales de la historia cuando aparece Don Zángano: ese orgulloso tragaldabas que sólo sabe coger sin consentimiento ni sabiendas los frutos de mi jardín, las sardinas de Fulano y los pollos de Mengano. Ahí se amarga la fiesta.
Por desgracia Don Zángano tuvo la oportunidad de formar una familia y así extender su peculiar forma de humanidad, atropellándolo todo a su alrededor hasta nuestros días. Y así nos va...
Qué le pasa a este país? Tiene paisajes asombrosos, clima envidiable y sus personas; las que han nacido de sus entrañas, esas que habitan en las cuencas de los valles y en las cumbres de las montañas, formando el corazón del pueblo... Las que te ofrecen comida y cobijo cual a sus familias cuando sólo les regalas un "buenos días" y preguntas como llegar a tal cueva o cual río.
Pero no quiero ser gente, esto no. No quiero entrar en el saco que alberga a la gente. Gente, ese nombre tan poco humano, esa reciente especie que cree ser dueña de todo, incluso de las personas. En un medidor paralelo al reloj, mi odio y repugnancia crecen al ver como los personajes que nos gobiernan, que nos representan, que incluso deberían portar el buen ejemplo para que creciésemos... Se convierten en todo lo que ni quiero ser ni quiero ver a mi alrededor. Son los buitres que no comen carroña, si no que engullen hasta el empacho y lo absurdo las piezas más sabrosas y jugosas criadas por las personas. Las que los corazones del país racionarían y estirarían hasta lo imposible para no maltratar a nuestra madre.
Pero esto ya no es poesía, es vergüenza y todo lo contrario. Individuos con serias carencias de principios que manipulan nuestro dinero hasta límites que ni siquiera alcanzamos a imaginar. Empresarios ambiciosos. "Artistas" que promulgan igualdad, derechos, e incluso bondad mientras llenan sus despensas económicas a costa de... "Bueno, me da igual el coste". Personajes públicos que venden sus vidas, las de mentira y las de verdad. Deportistas inconformes con sus "humildes" sueldos... Y un largo sinfín de aprovechados mas.
Por favor, no quiero volver a escuchar que esos beneficios son merecidos, por favor... Todos no pueden serlo, es absurdo.
El demonio no está en el infierno.

